Yomif Kejelcha —
el primer maratón de su vida. Sub-2.
En enero fuimos a Etiopía a conocer a Yomif. Apenas teníamos doce semanas por delante para su primera maratón y un reto que, sobre el papel, era casi imposible.
Lo encontramos con una molestia en la parte posterior de la rodilla. Había días en los que podía correr, pero después necesitaba parar dos o tres jornadas.
Sin pensarlo demasiado, la semana siguiente le propusimos venir a España para que lo atendiera David Capapé, nuestro médico de confianza. Cinco días después estaba entrenando sin dolor.
A partir de ahí, todo el foco se puso en una sola palabra: Londres.
Las once semanas que vinieron después fueron las más exigentes de nuestra carrera profesional.
Empezamos por entender cómo trabajaba: dónde podíamos meter mejoras inmediatas y dónde había que ir más despacio. A partir de ahí, pasamos a estudiar y monitorizar su cuerpo las 24 horas del día.
El gran reto era energético. Los atletas que vienen de ganar en pista son pura gasolina, y el maratón pide otra cosa: eficiencia, resistencia metabólica, capacidad para sostener el esfuerzo durante 42 kilómetros. Ahí pusimos todo el foco.
Subimos progresivamente el volumen para mejorar su flexibilidad metabólica y la densidad mitocondrial. Corregimos déficits calóricos. Buscamos, con paciencia, el equilibrio en la ingesta intra-entreno.
Llegamos a Londres sabiendo algo incómodo. Probablemente éramos el atleta menos eficiente para la distancia porque Yomif venía de pista, y la pista premia la potencia. El maratón premia la economía. Si íbamos a estar ahí en la última hora, no podíamos correr más fuerte que los demás. Teníamos que correr más listos.
Tuvimos una reunión larga de briefing estratégico con Yomif, en la que ordenamos la carrera bajo decisiones muy claras:
Que la carrera la hicieran los demás. Que las aceleraciones tempranas las pagara otro. Que él se limitara a ir bien colocado, esperar, y rematar.
Comer, ahorrar energía, tener paciencia. Gastar lo mínimo posible.
Escuchar al cuerpo, no forzarlo. Si algo no iba, no insistir.
«Race smart. The responsibility is on others — your chance is to seize it.»
El plan, resumido en una frase: que el kilómetro 35 nos pillara con piernas.
En las últimas 48 horas en Londres teníamos un solo objetivo: que Yomif se despreocupara de todo.
Le marcamos un plan hora por hora. Le dejamos la comida pesada y preparada en su habitación. Los horarios de entrenamiento. La estrategia. La suplementación. El descanso. Las rutinas previas a la competición.
Este era el plan completo,
24 horas antes de la salida.
«Que solo tuviera
que correr.»
Diseñamos un plan nutricional muy preciso. Yomif está en 59,5 kg. Eso nos permite almacenar aproximadamente: 580 g de glucógeno (100 g hepático + 480 g muscular). Entre el pre y el durante, planificamos una ingesta de 287 gramos.
Cada uno de los bidones que iba a tomar en carrera lo preparamos con el equipo. Con jeringa, midiendo los mililitros exactos. Reset Gel, Unusual Fuel, gel con cafeína: la diferencia entre 62 ml y 60 ml a ritmo de sub-2 no es decoración, es energía. A ese nivel, dos gramos pueden ser un kilómetro.
El margen era mínimo y nuestro objetivo era claro: llegar con los depósitos lo más llenos posibles al km 35 para jugar la carrera.
Día de carrera · Pre-salida · T−3 h a T−0
En carrera · Mesa 3 · posición 9
Solo tuvimos once semanas para preparar todo esto, y muchas mediciones se hicieron en altura, en Etiopía. Eso obliga a estimar valores reales a nivel del mar. No íbamos lejos. En paralelo, todo el plan estratégico — viento, posición, dinámica del grupo — se ejecutaba sin margen de error.
Sabíamos que, entre los candidatos, probablemente éramos el atleta menos eficiente para la distancia. Teníamos que reducir coste energético en cada detalle posible y, a la vez, ejecutar una ingesta óptima.
No había sitio para errores.
El plan salió casi perfecto.
El único contratiempo llegó al final de la carrera: Yomif no pudo coger dos bidones. Uno se le escapó en el kilómetro 25. El otro no lo vio en la mesa del kilómetro 35. Entre los dos sumaban 19 gramos de hidratos de carbono.
Yomif se quedó vacío en el kilómetro 41. Quedaba poco más de 1,2 kilómetros para la meta.
¿Qué habría pasado si los hubiera podido tomar? Nunca lo sabremos.
Primer bidón perdido. Empieza a abrirse el margen.
Segundo bidón fuera. La cuenta empieza a no salir.
«Lo siento, Alfonso. Se me han escapado dos bidones y he perdido la carrera.»
— Yomif, segundos después de cruzar la meta. Sin saber todavía que había hecho sub-2.
«Esto es solo
el principio.»
Estamos eternamente agradecidos a Yomif Kejelcha. Por su profesionalidad, por su confianza, por su compromiso absoluto. En once semanas era imposible hacer más, controlar más detalles, aprovechar mejor el tiempo que teníamos.
En once semanas bajamos de las dos horas en una maratón trabajando en equipo haciendo lo que mejor sabemos hacer: desafiar lo establecido.
Lo que hemos visto en Londres no es un techo. Es una primera medición. Sabemos qué falta, sabemos dónde están los milímetros y las milésimas, y sabemos dónde se ganan.